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Habitualmente, muchos turistas buscan en Faro el típico destino turístico de complejos hoteleros, tan frecuente en el sur de Portugal. Por desgracia, esto no es así, aunque es una desgracia relativa, ya que el encanto de Faro, con su carácter de ciudad tradicional y entrañable, compensa cualquier decepción en este sentido. Además de los atractivos que ofrece la ciudad en su interior, también hay maravillas naturales que merecen la pena en sus alrededores, como el Parque Natural da Ria Formosa o las preciosas playas de la costa.
Dentro de las murallas de la llamada Ciudad vieja hay una miríada de calles medievales adoquinadas, en cuyos rincones se esconde una rica herencia cultural e histórica. Uno de los ejemplos en forma de construcción de esta herencia es el Arco de Vila, que elegantemente nos señala la entrada a la ciudad amurallada.
También merece la pena un detallado vistazo al Paço Episcopal, y a la cercana Catedral de Santa Maria, construida en el siglo XIII tras la reconquista cristiana de la ciudad.
Entre las paredes del antiguo Convento de Nuestra Señora de la Asunción encontraremos la impresionante colección del Museo Municipal; sus objetos más preciados son los mosaicos que datan del siglo III, y las deslumbrantes pinturas sobre leyendas locales.
El elegante, y a la vez, sencillo encanto del Restaurante A Taska será otro de esos lugares donde Faro continúa con su seducción sobre los que la visitan y exploran. Esta taberna tradicional sirve las mejores especialidades de la cocina del Algarve, siempre expuestas en el menú de su pizarra para disfrute de cada uno (Rua do Alportel 38, Faro. Portugal).