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Évora puede definirse tan fácilmente como un museo al aire libre. Sus raíces romanas y el haber sido residencia real de los monarcas portugueses es algo de lo que no puede desprenderse, y ese glamour antiguo aún permanece en sus calles, perfectamente perceptible para cualquiera que pasee por ellas. Sus edificios y el conjunto de su arquitectura en general evocan sentimientos de majestuosidad añeja, algo también típico portugués que no resulta incompatible con la vida juvenil y cultural que tiene hoy en día y que se percibe en la energía que proyectan sus bares y restaurantes y sus zonas comerciales.
El magnífico Acueducto de Agua de Prata, construido en el siglo XVI, se erige como un eje monumental desde el centro de laciudad. Proyectado por el arquitectoFrancisco de Arruda para el transporte de agua, hoy en día nos acompañan en un emocionante paseo por las verdes laderas y las maravillas arquitectónicas de la ciudad.
En un estilo típicamente portugués, la principal catedral de Évora es un compendio medieval de paredes de piedra e imponentes torres. Pero, a pesar de su rudo aspecto exterior, su interior no carece de interés y tesoros artísticos. El Museo de la Catedral regala un banquete visual con todas las joyas y opulencia que nos podamos imaginar en su colección. Desde jarrones de la dinastía Ming hasta rubíes rojos, es una de las colecciones más completas que podamos ver en el país luso.
En el corazón del barrio morisco de Évora se encuentra un excelente restaurante, el Botequim da Mouraria, que aunque no sea el lugar más elegante ni más amplio que nos podamos imaginar, su cocina sí que está a la altura de los comensales más exigentes. Sin duda, un buen lugar para experimentar el verdadero espíritu de Évora (Rua da Mouraria 16A, Évora, Portugal).