Hoteles en Mannheim

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desde 120,00 €
Distancia (en línea recta)
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desde 70,00 €

Mannheim en un día

Mannheim, la tercera ciudad más importante del estado alemán de Baden-Württemberg tras Stuttgart y Karlsruhe, es un bello núcleo urbano -pese a ser una ciudad eminentemente industrial- donde no faltan los parques y las áreas monumentales y que destaca, por encima de todo, por su gran oferta cultural. No en vano, las artes y el teatro han tenido un importante foco de desarrollo durante siglos en esta ciudad. Y aquí han florecido algunos de los inventores más destacados del mundo, pues el primer automóvil de Carl Benz dio sus primeras vueltas en esta ciudad y también aquí construyó Julius Hatry el primer avión cohete del mundo.

Un tablero perfecto por el que moverse

Una de las cosas que más te llamarán la atención cuando llegues a Mannheim es la peculiar distribución de la ciudad. Su centro histórico fue diseñado prácticamente como si de un tablero de ajedrez se tratase, por eso las calles, que forman bloques, se denominan con números y letras.

El centro exacto del cuadrado que forma el área más céntrica de esta ciudad es Paradeplatz. Ese es un buen punto desde el que partir, pues desde ahí puedes ir abriendo rutas, casi conformando un asterisco hacia el resto de monumentos y lugares de interés. Por ejemplo, en el sector D hay tres paradas importantes.

Por un lado, el Museo Nacional de Bellas Artes, cuya colección, centrada en los siglos XIX y XX, contiene importantes obras de impresionistas franceses y de expresionismo alemán. También está cerca el Museo Reiss-Engelhorn, el más importante de Mannheim, y cuya sede principal, el Zeughaus, es un antiguo arsenal. Por cierto, los amantes del cine reconocerán su emblemática fachada por salir en la película “Corre, Lola, corre”. Y si lo tuyo son los museos aún hay uno más que vale la pena conocer: el Technomuseum, que reproduce el desarrollo de la industrialización desde el siglo XVIII y ofrece una interesante perspectiva de la relación entre la tecnología y el desarrollo social.

No dejes de visitar, muy cerca del Reiss-Engelhorn, la Jesuitenkirche, un imponente edificio del siglo XVIII, famoso por ser el ejemplo más relevante del barroco del Rin superior. No te olvides de entrar, pues su interior está completamente revestido de detalles rojos y verdes.

Tampoco te pierdas la Universidad, que ocupa el antiguo castillo, de estilo barroco. Está muy cerca de la Jesuitenkirche y su visita vale mucho la pena.

Luisenpark y el Teatro Nacional

Fuera del tablero, pero casi al lado, hay también algunas atracciones interesantes. Un ejemplo de ello es el Luisenpark, un gran parque con impresionantes jardines, como el Chinese Garden o el jardín de las rosas, y un lago que se puede recorrer en barca. Un buen plan de tarde para acabar el día relajadamente.

Frente al Luisenpark está el Teatro Nacional, que ofrece un espectáculo diferente casi cada noche. Además, tanto para el ballet como para la ópera el idioma no será una barrera, por lo que puede ser una buena oportunidad para los aficionados a estas artes.

¿Y para comer?

Mannheim destaca especialmente por la multiculturalidad de su población, fruto de su importante desarrollo industrial. No es de extrañar, por lo tanto, que abunden los restaurantes de cocina internacional. Dos buenos ejemplos de esto son Little India (T2, 17) y Asia Food Ichi (Q2, 13), dos restaurantes con un encanto particular y muchísimo éxito entre los locales. Si buscas algo más tradicional, entonces nuestras recomendaciones son Zur Axt (Adlerstr. 23) y Hahnhof (Keplerstr. 32).
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