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Lyon en un día

Lyon es una de esas ciudades que esconden rincones únicos allá por donde vayas. Con una larga historia detrás, la que fuera capital de la Galia en época romana y bastión estratégico en el comercio de la seda a partir del siglo XV, conserva casi intactos los monumentos de aquellas etapas gloriosas, pero hoy se ha convertido, además, en capital de la gastronomía francesa. ¿Necesitas algo más para visitarla?

Parte desde lo más alto

Una de las cosas más llamativas de Lyon es su particular orografía. Coronada por el Fourvière y cortada por dos ríos, el Ródano y el Saona, son muchos los ambientes que encontrarás en esta ciudad: desde barrios modernos con amplias plazas y edificios de diseño a la sobriedad de los antiguos talleres-telares. Como en un día te será difícil –o imposible- verlo todo, nuestra recomendación es que te muevas a ambos lados del río Saona, donde se encuentran los barrios más llamativos y el Lyon más auténtico.

Comienza, por lo tanto, en la margen izquierda del río. Aquí se sitúa la colina Fourvière, el origen de Lyon, donde está la basílica más grande la ciudad. Vale la pena entrar para admirar su arquitectura y, además, desde el exterior se tiene una de las mejores vistas de la ciudad. De hecho, desde aquí es posible ver la confluencia de los dos ríos, algo imposible desde otros miradores. En cierto modo, esta catedral, alzada en lo alto de una colina y con impresionantes vistas a la ciudad que la acoge, se asemeja un poco al Sacre Coeur de París. Vale también la pena visitar sus jardines, en la parte trasera, aunque el descenso es mejor que lo hagas desde la calle Montée Cardinal Decourtray, para avanzar hacia el teatro y los anfiteatros romanos.

Viaje al pasado

Callejeando desde aquí acabarás llegando a la Ciudad Vieja, cuyo desarrollo se produjo a partir de la Edad Media, gracias a los comerciantes italianos que se instalaron con el negocio de la seda. Una actividad, además, que trajo una gran riqueza a la ciudad. Como consecuencia, este barrio es una explosiva mezcla de callejones estrechos, edificios austeros y mansiones renacentistas, a los que hoy se han unido multitud de cafeterías y restaurantes, sobre todo alrededor de la Place Neuve Saint Jean.

Dos son las experiencias que has de vivir aquí. La primera, adentrarte en alguna de las Traboules medievales que se esconden en los edificios. Se trata de antiguos pasadizos para ir de edificio en edificio sin salir a la calle y que fueron muy usados en el siglo XIX por las personas que cargaban la seda y, más tarde, durante la Segunda Guerra Mundial, para evitar al ejército. Hoy en día muchas están cerradas al público y algunas son muy difíciles de encontrar, pero en las oficinas de información turística tienen folletos con algunas de estas interesantes rutas.

La segunda experiencia ineludible en la Ciudad Vieja es comer en los “bouchons”. Son pequeños restaurantes locales que se abrieron en los siglos XVII y XVIII para dar de comer a los comerciantes de seda y que hoy viven una segunda edad de oro. Aquí encontrarás especialidades regionales como carne lionesa o “quenelles”.

Ruta en bici por Presqu’ile

Por la tarde da el salto a Presqu’ile, literalmente “casi una isla” y es que se trata de la zona que queda entre los dos ríos. Es el distrito más animado de la ciudad y la oferta cultural y de ocio aquí es enorme. Para recorrer esta zona, donde están el Ayuntamiento y la Ópera, entre otros, puede ser una buena idea que alquiles una bici con el sistema público, pues es muy cómodo, ya que Lyon cuenta con 340 estaciones y la tarjeta correspondiente se puede comprar con validez para un día o incluso por horas.

Las estrellas se basan en una valoración propia de los hoteles y en las experiencias de HOTEL INFO y de clientes de HOTEL INFO. Encontrará más información en las Condiciones Generales.