Durante los años 70 y 80, Kreuzberg fue escenario de grandes movilizaciones políticas y violentos
disturbios. Punks, anarquistas y okupas campaban a sus anchas por el SO36, el antiguo código postal
del lado más alternativo de este barrio berlinés. Hoy en día se le conoce como “la pequeña Estambul”,
debido a la gran cantidad de residentes turcos. Su pasado de acciones políticas y sindicales vuelve a
quedar patente cada 1 de mayo, cuando el barrio revive los viejos tiempos de protestas y batallas
campales.
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Empezamos el viaje
en Kottbuser Tor, vamos caminando hasta el Görlitzer Park y seguimos por la orilla del
Landwehrkanal. En este breve paseo ya se puede entrever que en Kreuzberg se entremezclan dos
mundos distintos. Uno de ellos está impregnado de colores, olores de verduras frescas y humos
aromáticos de shishas. El otro se caracteriza por viviendas costosas, galerías de arte y el toque
chic de la comida vegana. En Kreuzberg se convive en la diversidad.
La cafetería “Fräulein Wild” es el sitio ideal para hacer un descanso en el recorrido y
contemplar el bullicio de la calle. Está abierta hasta las 8 de la tarde y tienen dulces de
elaboración casera para los que no puedan resistir la tentación.
Continuamos la ruta por este barrio lleno de colorido que no deja de sorprender a sus visitantes.
La gran presencia de arboledas, espacios verdes y zonas recreativas para niños convierten a
Kreuzberg en el lugar ideal para familias que busquen contacto con la naturaleza en un entorno
urbano.
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Un poco más lejos se
encuentra la Bergmannstraße, una calle en la que se intercalan tiendas de todo tipo de artículos:
moda con carácter vintage, complementos de segunda mano, hilos para ganchillo, especias, tabaco
para shisha y mucho más.
Este escenario de texturas y sabores únicos no dejará indiferente a ninguno de los visitantes de
Kreuzberg. Como tampoco lo hará el mercado cubierto de Marheineke Markthalle, donde uno puede
comprar productos locales y artesanos y de paso echar un vistazo a las exposiciones que se exhiben
en el recinto.
En la plaza Chamissoplatz te sentirás transportado a otra época en medio de edificios de
arquitectura historicista y transeúntes con sombreros de copa y vestidos largos.
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Solo cuando griten
“Corten” te darás cuenta de que estaban recreando escenas históricas y es que Kreuzberg ha sido y
sigue siendo escenario de muchos rodajes.
Si quieres engañar el hambre con unas tapas, pásate por el bar “Colibri”, un oasis mediterráneo
dentro de la rutina alemana con un ambiente y un trato muy familiares. Si te gustan el queso, el
vino y el jamón, no puedes perderte este referente, punto de encuentro de artistas, músicos y
creativos.
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En la zona de
Mehringdamm volvemos a adentrarnos en el Kreuzberg más auténtico: bohemio, cosmopolita y con mucho
encanto. Aquí se encuentra el Viktoriapark, una pequeña montaña coronada por una cruz a la que
debe su nombre este barrio: Kreuz (cruz) y Berg (montaña). En la cima se erige un monumento
diseñado por Schinkel, desde donde se contemplan unas vistas impresionantes. La cascada que nace a
los pies de este monumento es también espectacular.
Para completar el paseo, no podía faltar una visita al Luftbrückendenkmal, un monumento dedicado
al puente aéreo que en 1848 abasteció a la Berlín occidental ante el bloque soviético.
Y no se me ocurre mejor forma de poner la brocha final al día que con un tradicional guiso
brasileño en el “Café do Brasil”. Pues a lo mejor resulta que Kreuzberg no es tan fiero como lo
pintan.
Créditos de las imágenes
- Fotografía 1: Andreas Lehner, CC BY 2.0
- Fotografía 2: Andreas Lehner, CC BY 2.0
- Fotografía 3: Sarahtz, CC BY 2.0
- Fotografía 4: Fräulein Wild
- Fotografía 5 : Fräulein Wild
- Fräulein Wild: Fräulein Wild
- Mercado Marheineke Markthalle: Steffen Zahn, CC BY 2.0